Mi show de Truman (ser o no ser peliculero)

Yo soy muy peliculera. No me refiero a contar milongas que no han ocurrido. Me refiero a aderezar las cutreces diarias que le pasan a una, a dotar de mayor significancia hechos vanales, a ponerle sal y pimienta al revoltijo insulso de experiencias cotidianas.
Tengo una amiga que siempre me dice "¡Las cosas que te pasan a ti no le pasan a nadie!", y yo siempre le digo: Que sí ,Paqui (llamémosla Paqui, bueno es que en realidad se llama Paqui), lo único que ocurre es que tú no le das el mismo bombo que yo a cualquier mierda.

Y es que bastante rollo es a veces la vida, como para menospreciar los detalles que la hacen interesante."¿Pero qué dice esta mujer? ¿Qué detalles? ¿De qué cojones está hablando?" Te preguntarás, o no, yo qué sé.

¿No has ido alguna vez paseando tranquilamente por la calle y os habéis sentido en el puto Show de Truman? Todo es igual cada instante de cada día. Pasas por el estanco y allí está la sonriente dependienta de siempre vendiendo tabaco a los mismos fumadores, el vecino borracho de enfrente en la esquina paseando a la perra que siempre lleva suelta, te encuentras a la cotilla del barrio y te pregunta por tu madre por millonésima vez y el tío bueno de la cafetería te ignora como cada día. Sientes deseos de variar tu rutina, de hacer algo extravagante para ver si el mundo a tu alrededor reacciona como le pasó a Jim Carrey en la peli. Pero no lo haces, porque temes, porque sabes, que es muy posible que nadie reaccione, que si esto es una peli, lo mismo tú ni eres el protagonista.

Yo cuando voy sóla caminando por la calle siempre llevo los auriculares puestos, le pongo banda sonora a mi peli, porque es mi peli y con música todo mola más. Aunque incluso con ambientación  hay días  que veo a todo el mundo , incluyéndome a mí, tan ensimismados y/o resignados con el pan nuestro de cada día, que pienso, ¡QUE PASE ALGO, COÑO! Ya sabes a lo que me refiero, que de repente la estanquera se niegue a vender un puto paquete de tabaco más y los fumadores tiren los cigarros y los cambien por besos, entre ellos, morreos a tutiplén frente al estanco. Que el vecino de la esquina se beba un zumito de naranja y la perra lo pasee a él (con correa), que la cotilla del barrio se quede sin palabras y el tío bueno se beba el café de un sorbo y te saque a bailar sin música en mitad del paso de peatones. Lo normal.

A veces, cuando nada pasa y no tenemos los huevos suficientes para hacer que ocurra algo, hay que darle importancia a la sonrisa de la chica del súper cuando te da la vuelta, al antiguo compañero de clase que te encuentras al doblar la esquina después de años sin verlo, a lo bien que te ha puesto esta vez las mechas la peluquera y hasta a los tres euros de reintegro que te han devuelto de la primi.

A veces las cosas nos pasan y ni siquiera nos damos cuenta. No me gusta dar consejos y aún así los doy (consejos vendo y para mí no tengo): SEAMOS PELICULEROS, COÑO

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