IT´S MY PARTY AND I CRY IF I WANT TO
26.02.206. Es mi cumpleaños y lloraré si quiero, solo que aún no lo he hecho. No me lo han puesto fácil. He dormido hasta las ocho (me pedí el día), he estado en la cama leyendo mensajes de felicitación (recibir cariño entre las sábanas, ¿qué puede haber mejor?), me he encontrado con un regalo de cumpleaños totalmente inesperado (alguien fue tomando apuntes y aprobó con nota), me he puesto todo lo mona que me ha permitido mi condición física , se ha improvisado un tapeo y me han sorprendido con una tarta casera, preciosa y de nuevo inesperada y solo son las 17.00 h. Todo demasiado bonito como para quejarme y yo la verdad, es que quería quejarme un poco.
No son los años, soy muy consciente del privilegio que es cumplir cada uno de ellos y no es falta de cariño, lo he percibido hoy como tantas otras veces: la gente que está de verdad, los que me sostienen, los que están sin estar, los que quieren que sepa con un simple mensaje que me recuerdan, que una vez nos cruzamos en este caótico mundo. ¿Es casualidad encontrarnos con determinadas personas a lo largo de nuestra travesía o están esos cruces organizados siguiendo un plan maestro del universo?
El otro día, el lunes sin ir más lejos, tuve un encuentro curioso. Decidí fumarme un slim ( ya sabéís que nunca he fumado pero desde los 45, en fin, hago lo que me da la gana) en una zona precintada de la playa y al atardecer, sí, a mí me gusta crear atmósfera. Con mi chaqueta de cuero y Oliva Dean cantándome al oído. Apareció entonces otro individuo sorteando el precinto, con boina y muletas "vaya por Dios, un colgao lesionado", pensé yo, "una guiri rockera fumándose un piti", pensó él, según supe pocos minutos después, porque ambos resultamos no ser lo que aparentábamos. Era un vecino del pueblo al que conozco de vista de toda la vida, pero hablar, lo que se dice hablar, apenas un par de intercambios por las redes sociales. El caso es, que en ese encuentro inesperado al atardecer y en zona precintada, dos personas que no habían hablado prácticamente en la vida, compartieron preocupaciones y momento vital concluyendo que el aprendizaje llega a menudo de las formas menos deseadas. ¿Fue un encuentro casual o una charla necesaria organizada por el maestro de este juego de rol?
Me pregunto si todo e mundo que me ha felicitado lo ha hecho con buenos deseos (así lo creo) y si entre los que no lo han hecho, alguien se acordó y aún así decidió que no merecía una felicitación por el simple hecho de existir un año más, ¿le habré amargado la vida a alguien lo bastante como para elegir no felicitarme? ¿Prefiere mi ego el desprecio al olvido? Probablemente.
No me encanta mi cumpleaños porque todo le parece insuficiente a mi cinematográfico cerebro. Al final del día no se conformará con la sonrisa plácida por sentirme querida, eso es válido para los otros 364 días, pero el maldito día de mi cumpleaños quiere épica. Somos excesivas, me decía hoy mi amiga. Birthday blues, lo llaman algunos. En mi caso este año la melancolía tiene bastante que ver con la certeza de saber que mi vida se pondrá en pausa en breve y la incertidumbre de no saber exactamente cuando ocurrirá. La primavera sucederá sin mi y me revienta soberanamente. El mensaje que no ha llegado no debe prevalecer sobre los que sí lo hicieron, pero aguijonea como una avispa rabiosa. ¿Busco razones para amargarme el día? ¿Hay algo más peliculero que llorar en tu cumpleaños?





Comentarios
Publicar un comentario